Vecinos ilustres. CHACALITO

ChacalitoPara la siguiente nota acerca de los grandes habitantes de Pelotillehue, nos trasladamos hasta la Cárcel Pública del pueblo. En el locutorio nos encontraríamos con Chacalito. Sí, Chacalito, ese mítico poblador que vive frecuentemente al margen de la ley.

Aparece tranquilo, con su sobrio traje listado que lo hace verse más gordo de lo que realmente es.

– La comida acá es demasiado apetitosa: frijoles, frijoles y frijoles; siempre dejo el plato brillando  – dice más adelante, no sabemos si hablando en serio o en broma.

Chacalito nació en el populoso barrio El Despojo, específicamente en el número 45 de la callecita Alfonso Capone. Asegura que su familia nunca pasó apreturas económicas y que su padre fue alguien que lo marcó fuertemente en la vida desde temprana edad. Al consultársele cuál era la actividad de su padre y de qué manera influyó en él, Chacalito guarda silencio y luego trata de desviar la conversación. Tras el vidrio del locutorio, el rostro luce serio y los ojos sin expresión. Baja la mirada y finalmente susurra: “Era político.”

La escuelita El Peral, donde se formaron académicamente casi todos los vecinos de Pelotillehue, vio también pasar por sus aulas a Chacalito. Hasta tercero de enseñanza básica.

– Cuando se perdió una valiosa enciclopedia con la historia de Pelotillehue en tres volúmenes, me echaron de la escuela.

Dice que recién entrando a la mayoría de edad le tomaron por primera vez una foto de frente y de perfil. Hecho esto, fue ingresado a un calabozo, donde permaneció por seis meses y medio.

– Tenían que ser once meses, pero egresé antes por buena conducta y por tomar un curso en la cárcel. Recuerdo que era un curso de autodefensa.

– ¿Un curso de karate?

– No, un curso de Derecho Penal, para empezar a defenderme yo mismo, porque ya intuía que esta persecución contra mí iba para largo. Pero poco después quise ser boxeador, ya que la prensa insistía en yo siempre daba “golpes maestros”. Mi amigo Comegato me explicó posteriormente que se referían a mis asaltos bancarios.

Explica que cuando tuvo más dinero en el bolsillo fue tras inventar una maquinaria revolucionaria. Trabajó varios años en ese invento y pensó que su futuro estaba asegurado.

“Nunca he entendido esta persecución.”

– ¿Cuánto dinero ganó con ese invento, Chacalito?

– No gané dinero, lo imprimí… era una máquina para hacer billetes falsos.

Un gendarme se acerca para advertir que se acabó el tiempo de la conversación. Chacalito se despide haciendo la V de la victoria. O quizás es una V que representa su sentir de ser una Víctima de la justicia.

[Entrevista de Fonola para “El Hocicón” digital.]

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